Tener una conversación con la maestra en ciencias Esperanza Vaca Zaragoza es entrar a un mundo en donde se respira sencillez, inteligencia, profesionalismo, responsabilidad y amor a la vida. Así es, una mujer que a base de esfuerzos está donde está, poniendo en alto a Miguett, una empresa de cosmetología profesional dedicada, entre otras cosas, a la innovación de productos de belleza y artículos de cuidado de la piel.
La sangre llama
Para muchos la capacidad en el estudio durante la niñez no fue tarea fácil; sin embargo, para Esperanza su inteligencia comenzó a despertar desde muy pequeña y prueba de ello es que desde los cinco años ya sabía leer. Esto y su gran inquietud por saber y preguntar por todo la hicieron una estudiante de primera. “Siempre fui muy curiosa, ya que todo le preguntaba a mi papá y uno de mis primeros regalos que me dio fue el Tesoro de la Juventud y un libro que se llamaba “El libro de los porqués”.
Toda esta capacidad nata se entiende gracias a que su familia era muy reconocida en Abasolo, Guanajuato (de donde es originaria). Su bisabuelo, sus abuelos y su padre eran médicos muy distinguidos, además de que eran los únicos que en ese entonces tenían farmacias en el pueblo.
Luego de terminar su educación básica, en Irapuato, Esperanza tuvo la oportunidad de vivir con su abuela en el Distrito Federal, donde estudió la carrera de biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Medicina Homeópata en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), así como medicina tradicional china en acupuntura. Sus ganas de superarse no se quedaron ahí, ya que logró ser catedrática y al mismo tiempo hacer un posgrado y fue en ese momento cuando recibió el máximo reconocimiento que la UNAM otorga a los alumnos con promedio de 10, la medalla “Gabino Barreda”. Si a todo esto le añadimos el diplomado que realizó en la Sorbonne de París, no nos cabe la menor duda de que estamos hablando de una mujer de excelencia.
Investigadora apasionada
A pesar de residir en provincia, en una de las tantas visitas a la ciudad de México, decide estudiar cosmetología, lo que dio pie a que de manera fortuita aceptara el puesto de recepcionista en una empresa del mismo ramo. Consciente de que no era lo que ella anhelaba, con este trabajo logró que mucha gente percibiera que era una mujer realmente desaprovechada profesionalmente. Interesada siempre en capacitarse, acudió a diversos eventos y ponencias donde se dio cuenta que mucha de la información que se daba en cuestión de productos de belleza era errónea, por lo que tenía la inquietud de transmitir sus conocimientos con bases científicas. Asimismo, siempre se ha destacado por asistir a congresos de nivel internacional orientados en química cosmética, así como de cosmetología.
Esperanza Vaca es un ejemplo puro de dedicación, responsabilidad y esfuerzo, no sólo como investigadora, sino como mujer, ya que nunca ha dejado atrás lo más sagrado, su familia. Además se siente muy orgullosa por el legado que dejó a varias generaciones en su brillante época como maestra, la cual ha sido recompensada por la estimación y el reconocimiento de mucha gente.